jueves, 25 de marzo de 2010

Encuentro

Ayer tarde-noche estuve en una reunión y allí me encontré a Belén, compañera de EGB, a lo primero ni la reconocí, fue ella la que me saludó. Y es que tiene tetas nuevas, labios nuevos y bueno hasta entrenador personal, mi amigo sólo quería que se la presentase porque está buenísima: yo sin embargo me quedé con que es toda una señora.
Hacía que no sabía de ella, sigo en contacto con las compis de la escuela, de hecho una de mis mejores amigas es de cuando yo tenía 4 años y empecé la escuela, pero bueno eso es otra historia, a lo que ibamos: resulta que Belén ha prosperado, se ha casado con un tío que tiene más pasta que Eclestone (creo que se escribe así) y bueno tiene casita con mayordomo y todo, anoche me invitó a un martini y estuvimos hablando y eso, a pesar de haber prósperado a mí me daba unos abrazos que no veas! y el caso, y lo que interesa de todo esto es que me gusta que esto sea así porque las de la escuela a Belén la recuerdan como la de la regla. Anoche me daba las gracias por ese gesto que tuve con ella cuando ya estabamos en 8º (sí, soy del plan de antes de la reforma, una viejales) y os preguntareís: cuál fue tu gesto?, pues uno del que no me siento orgullosa pero que viene a ratificar la teoría del efecto mariposa, que también se podría explicar en otro post.
Paso a explicar el hecho: Belén era la matona de la clase, el doble de alta que yo y de grande, conmigo no se metía porque yo tampoco era de las más buenas pero un día vino una interna nueva al colegio y la metieron en nuestra clase, una chica débil y enjuta que se había quedado huerfana y ella no tuvo otra gracia que hacerle que le limpiera los zapatos con su uniforme. Ese día, y a pesar de lo pacífica que siempre he sido, me indigne, me revoté y contesté. La cosa se puso mal y no recuerdo como pero Belén acabó entre mis piernas con la regla de la pizarra en su cuello. La clase alucinó, yo no me acuerdo bien pero siempre que me hablan de eso dicen que dí un salto de felino y que toda la clase me aplaudía, no llegué a pegarla pero a pesar de que mi peso entonces era de pluma se ve que con el salto la tiré al suelo y el estruendo fue monumental. A partir de ese día ya no hubo más "matonas" en clase. Y lo curioso de todo y lo que más me gusta de Belén es que supo perdonarme y jamás volvímos a hablar del tema, hasta ayer. Me dijo que gracias a ese gesto había cambiado. Yo no sé muy bien si fué por mi gesto pero el caso es que me alegro que le vaya bien y que sea capaz de darme abrazos y miradas de las de anoche.

1 comentario:

  1. Y es que, a veces, una para de pies a tiempo es el comienzo de una nueva trayectoria...
    (¿miradas cómo?)

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